Arxivar per gener de 2011

22 gen. 2011


Alzheimer

Classificat com a General

El meu amic Jaume Pubill acaba de publicar en el seu Bloc una història tan impressionant  que ha fet que jo també la pengés aquí.

Vaig llegir una història que em va agradar molt. Vull compartir-la i espero que també us agradi als que la llegiu.

Era un matí mogut; eren les 8:30, quan un senyor gran, d’uns 80 anys, va arribar a l’hospital perquè li traguessin els punts d’un dit. El senyor va dir que tenia pressa i que tenia una cita a les 9:00.
Vaig comprovar els seus senyals vitals i li vaig demanar que s’assegués, sabent que potser passaria més d’una hora abans que algú pogués atendre’l. El vaig veure mirant el rellotge i vaig decidir, que ja que no estava ocupat amb un altre pacient, podria examinar la seva ferida. Durant l’examen, vaig comprovar que estava curat i em vaig disposar a treure-li els punts i curar la seva ferida.

Mentre li feia les cures, li vaig preguntar si tenia una cita amb un altre metge aquell matí, ja que el veia tan nerviós. El senyor em va dir que no, que simplement havia d’anar al geriàtric per esmorzar amb la seva esposa.

Li vaig preguntar sobre la salut d’ella. Ell em va respondre que ella feia temps que hi era ja que patia d’Alzheimer. Li vaig preguntar si ella s’enfadaria si arribava una mica tard. Em va respondre que feia temps que ella no sabia qui era ell, que feia cinc anys que ella no podia ja reconèixer-ho. Em va sorprendre, i llavors li vaig preguntar: “I vostè hi segueix anant cada matí, tot i que ella no sap qui és vostè?”
Ell va somriure i, acariciant-me la mà, em va contestar: “Ella no sap qui sóc, però jo encara sé qui és ella”.

Se’m va posar la pell de gallina i vaig haver de contenir les llàgrimes mentre ell se n’anava. I vaig pensar: “Aquest és el tipus d’Amor que vull a la meva Vida.”.

Quin és l’Amor veritable?. Segur que no és el físic, ni el purament romàntic. L’Amor Veritable és l’acceptació de tot el que s’és, s’ha estat, el que serà  i no serà.

La gent més feliç no necessàriament té el millor de tot, sinó que són aquells que fan tot el que poden i ho fan de la millor manera que poden.

I la història acabava amb aquesta frase:

“La vida no es tracta de com sobreviure a una tempesta, sinó com ballar sota la pluja! “

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19 gen. 2011


Contra el populismo penitenciario,El PAIS 17/07/2010

Classificat com a penitenciaris

Amb motiu dels conflictes del poble de Salt, he repescat  aquest article, publicat a El País, ja que em sembla significatiu. A tot el Món Occidental, com a mínim, hi ha un moviment que reivindica la implantació d’una justícia restaurativa per reduir al mínim les presons i reinserir les víctimes i delinqüents en la societat sense que aquest últims hagin de passar per la presó. El cas d’Holanda n’exemplificaria el model.Com diu una companya, amb qui visitem els presos, la presó és com un “gran hermano” a l’engròs: una varietat d’emocions i mentalitats explosiva, però que es contenen fins que arriba un moment que es desinhibeixen i esclata la violència que redueixen els vigilants, tancant-ne algun en una cel·la incomunicada de càstig o traslladant-lo en un mòdul més”xungo”, on la tensió o pressió de vigilància encara serà més forta i les ganes de venjança potser també. Mentrestant la víctima dirà que per una porta entren i per l’altre surten, ja que no en sabrà res del delinqüent. En canvi en la mediació (justícia restaurativa) víctima i delinqüent es miren les cares, parlen i s’humanitzen les ferides a base de compromisos, pactes i perdó.

España es el país de Europa con más presos por cada 100.000 habitantes pese a tener una de las tasas de criminalidad más bajas. A golpe de ‘calentones’ hemos ido endureciendo nuestro Código Penal

Desde el año 2000, el número de reclusos en España ha aumentado un 65,1%, lo que nos sitúa a la cabeza de Europa en tasa de presos por cada 100.000 habitantes: 153,6. Según datos oficiales, en 2009 había en las cárceles españolas 76.090 internos, el doble de los que había en 1990. De ellos, un 22%, está en prisión preventiva, esto es, a la espera de un juicio que resuelva sobre su situación. Mantener a un recluso en España cuesta de media 54,79 euros al día y contamos con un presupuesto que ha pasado del equivalente en pesetas a unos 689 millones de euros del año 2000 a casi 1.250 millones de euros en 2010. Curiosamente, las medidas alternativas a la prisión salen muchísimo más baratas: tan solo cuestan tres euros por persona y día. Aún más, según datos del Consejo de Europa publicados en 2005, el tiempo medio de estancia en prisión en España se duplicó desde 1996 (9,7 meses) hasta 2004 (16,7 meses)

Los políticos compiten por probar su ‘dureza’ tras el frenesí mediático que sigue a cada suceso

Al contribuyente español esta política de ‘todos a la cárcel y por mucho tiempo’ le sale carísima

Y todo esto a pesar de que España se sitúa en una tasa de criminalidad comparada de 45,8 por cada 1.000 habitantes, una de las tres más bajas de Europa y muy por debajo de la media europea de 69,1, situándose en 2009 al mismo nivel que en el año 2000. El Eurobarómetro de otoño de 2009 indicaba además que la percepción de la delincuencia como problema en España era de 11,0, la segunda más baja de Europa y muy lejos de la media de la UE de los 27 situada en 19,0. En resumen, en 10 años la criminalidad ha permanecido estable en cotas muy reducidas, su percepción por la población es muy baja y, sin embargo, en 20 años se ha duplicado la población penitenciaria.

¿Cuál puede ser el motivo de esta incoherencia? Parece que las sucesivas reformas del Código Penal como respuesta a lo que se ha dado en llamar “alarma social” podrían explicar en parte este hecho. Tengo para mí, sin embargo, la convicción de que existen razones más profundas que tienen que ver sobre todo con el “populismo penitenciario” de una clase política que reacciona a golpe de encuesta, alimentada a su vez por unos medios de comunicación que tienden a incrementar una alarma social que, cada poco tiempo, justifica la exigencia del endurecimiento de las normas penales a pesar del elevadísimo coste de este modelo populista basado en la testosterona parlamentaria.

La política penitenciaria no puede administrarse a base de modificaciones reactivas del Código Penal que, además de resultar carísimas, resultan ineficaces. Aunque resulte obvio, es preciso reiterar que las políticas preventivas ahorran recursos, mientras que las represivas encarecen costes. Existen ámbitos (salud pública, prevención de peligros laborables, seguridad viaria) donde ha quedado probado cómo las políticas de prevención del tabaquismo, de la obesidad, de la siniestralidad laboral o de los accidentes de tráfico ahorran no solo vidas (lo más importante) sino también dinero. Sin embargo, la visión hoy dominante se basa en la represión penal mediante un amplio uso de los ingresos en prisión. Este círculo vicioso conduce al desastre -nuestra práctica en España lo está demostrando- en términos de sostenibilidad social y económica y, esencialmente, de resocialización.

Aunque es obvio que hoy por hoy no es posible renunciar al papel punitivo del Estado, también lo es que en el abordaje de la criminalidad el derecho penal debiera ser el último recurso al que acudir, debiendo primar las estructuras administrativas de carácter preventivo, esto es, basadas en la prevención de peligros y la gobernanza de riesgos, en la medida en que la evitación del daño es infinitamente mejor y más barata que su reparación. Por no reiterar ejemplos anteriores: es objetivamente mejor evitar los daños derivados de la corrupción mediante un eficiente sistema de gobernanza de su riesgo que andar a la greña en comisiones de investigación y juzgados de instrucción para intentar reparar lo que no tiene remedio: la pérdida de confianza. Sin embargo, en nuestro sistema domina hoy la penalización de conductas, probablemente como materialización del populismo penitenciario al que me refería. Para justificarlo se dirá, por ejemplo, que gracias a esta política se ha reducido la siniestralidad viaria aunque está por ver si esta relación directa existe como única explicación del fenómeno. Lo que sí está claro es que, mientras tanto, las cárceles se llenan, por ejemplo, entre otros, de acusados de violencia sexista sin que las cifras de casos de agresión contra las mujeres disminuyan como consecuencia del endurecimiento penal. Se tendrá, pues, que arbitrar soluciones que resulten más eficaces que la cárcel para proteger a las mujeres de acciones perpetradas por violentos.

El ordenamiento jurídico se basa en la equidad fundamentada en la defensa de valores ampliamente consensuados a nivel de pacto de Estado que no debieran verse sesgados por el oportunismo electoral. La finalidad de la política penitenciaria es la rehabilitación social del penado, no su incapacitación perpetua mediante juicios mediáticos. Impartir justicia no consiste en convertir a las víctimas en verdugos. El estatus de víctima tiene un límite: el que establece el Estado de derecho dictando justicia, no venganza. En este sentido no es de recibo, por ejemplo, que los partidos políticos, en plena vorágine electoralista, otorguen protagonismo injustificado más allá de la sede judicial a las víctimas de delitos -por ejemplo, nombrando como asesores a familiares de víctimas- pues ello no hace más que retroalimentar el “populismo penitenciario”.

Para atajar el desbordamiento de las prisiones, la Administración, en primer lugar, debiera ser más eficiente tanto en el diseño y aplicación de políticas preventivas y de gobernanza de riesgos como en el uso del derecho administrativo sancionador, porque su legitimidad se basa en el poder de hacer cumplir las normas. En segundo lugar, para aumentar este cumplimiento se requiere un ordenamiento jurídico de calidad, con normas precisas y claras: diversos estudios de la OCDE sobre calidad normativa sitúan a España en un discreto lugar del ranking europeo. En tercer lugar, debieran implementarse medidas alternativas a la reclusión que contribuyan a descongestionar nuestro sistema penitenciario: es preciso dotar un sistema alternativo con criterios y medios más allá de las declaraciones de buenas intenciones. Finalmente, urge reconsiderar el uso de la prisión provisional para evitar que sea una suerte de condena anticipada resultado de la alarma social y del populismo penitenciario.

Diversas experiencias avalan estos planteamientos. La más reciente en los Países Bajos. Desde los años cincuenta hasta los ochenta del pasado siglo, Holanda consiguió reducir la población penitenciaria hasta niveles ínfimos basándose en que la prisión debe utilizarse como “último recurso” en el sistema penal. A partir de los años ochenta se inició una nueva etapa -parecida a lo que sucede hoy en España- que convirtió la prisión en un sistema de “defensa social” en el que se pasó de una media de 30 presos por cada 100.000 habitantes en 1985 (la tasa europea más baja) a una media de 120 presos por cada 100.000 habitantes en 2005. Como tampoco en España, esta evolución no tuvo nada que ver con la evolución de la criminalidad, que se mantuvo siempre estable. Sin embargo, hoy, Holanda, tras recuperar el discurso de que el sistema penal es el último recurso y haber implementado políticas preventivas y de gobernanza de riesgos acordes con ello, ha iniciado la desocupación de ocho prisiones y, para evitar la pérdida de los 1.200 puestos de trabajo de vigilante, se plantea importar presos de Bélgica y Alemania a cambio de dinero -generando ingresos en vez de costes-. Lo que demuestra el cambio de tendencia holandés es que el populismo penitenciario no solo no es eficaz, sino que conduce a una insostenible espiral de despilfarro económico. Afortunadamente, la opinión pública y el poder judicial holandés así lo comprendieron, iniciando una vuelta atrás en el camino represor. En fin, o empezamos a aplicar políticas preventivas o al final el populismo penitenciario nos llevará a todos a la cárcel.

Ramon J. Moles Plaza es director del Centre de Recerca en Governança del Risc de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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12 gen. 2011


De nacionalismos abiertos y cerrados

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HILARI RAGUER 10/01/2011, El País

(Hilari Raguer ens dóna una resposta raonada i serena a una afirmació totalment arbitària sobre els 500 anys de la unitat espanyola)

Piensa alguien que Inglaterra y España son, o fueron, una misma nación porque Felipe II se casó con la reina María? El señor Peces-Barba parece creerlo cuando afirma (Los nacionalismos en España, EL PAÍS 23-XI-2010) que la unidad española empieza en el siglo XV, o sea, con los Reyes Católicos. Con sus sucesores, los llamados reyes de las Españas, hubo hasta el Decreto de Nueva Planta de Felipe V lo que en derecho constitucional se llama una unión personal, en la que un rey es a la vez soberano de dos Estados independientes. Pero con Fernando e Isabel no hubo ni siquiera esto. Ni tanto montaba ni montaba tanto, pues a la muerte de Isabel la nobleza castellana rechazó al rey Fernando (todo pudo haber cambiado si su matrimonio con Germana de Foix hubiera tenido descendencia). La Corona de Castilla se arrogó en exclusiva la empresa americana y a la vez se apropió del imperio mediterráneo catalanoaragonés.

En la nomenclatura de cada época Cataluña no dejó de reivindicar su libertad nacional

Castilla no ha conocido más que la asimilación total, primero en la reconquista de los reinos peninsulares (con las limpiezas étnicas de judíos y moriscos) y después en América o África. A diferencia de Inglaterra, que supo ceder manteniendo vínculos sentimentales, políticos y económicos con sus antiguas colonias, no concedió a tiempo autonomías y así no dejó más vía que las guerras de independencia. En cambio, Cataluña, inmediatamente después de la conquista de Valencia y Mallorca, sin esperar ninguna reivindicación, las constituyó en reinos confederados pero autónomos, como ya lo era el reino de Aragón, regidos por sus propias instituciones y legislación, en total pie de igualdad con el Principado. ¿Dónde está el “nacionalismo cerrado” de que habla Peces-Barba?

El nacionalismo catalán, por otra parte, no empieza el siglo XIX, sino inmediatamente después del 1714, aunque impedían su manifestación pública la tremenda represión de los austriacistas y el continuo estado de guerra en Cataluña a lo largo de casi todo el siglo XIX. Pero bajo la nomenclatura de cada época (fueros, provincialismo, regionalismo o federalismo) Cataluña no dejó de reivindicar su libertad nacional. Véanse numerosos testimonios, ya en el siglo XVIII, en Félix Cucurull Panoràmica del nacionalisme català(6 volúmenes, Edicions Catalanes de París, 1975).

Se acaba de cumplir el décimo aniversario del asesinato de Ernest Lluch, estudioso y admirador del austriacismo. Decía que España fue grande bajo los Habsburgos, que respetaron los reinos de las Españas y las gobernaron mediante sus instituciones propias, y empezó su decadencia con los Borbones, importadores del centralismo francés, que culminaría en el jacobinismo revolucionario, que para triturar las regiones históricas inventó los departamentos, servilmente imitados por las provincias españolas.

Cuando en 1940 Himmler visitó Montserrat buscando las supuestas huellas del Santo Grial, vio en el museo un sepulcro ibérico con el esqueleto de un hombre muy alto, y señalándolo exclamó: “¡Es ario! ¡Los catalanes son arios!”. El monje que le guiaba en la visita le replicó que no hay una raza catalana, sino que somos una mezcla de gentes venidas de muchas partes. Algo más tarde, en 1954, en su luminosa obra Notícia de Cataluña, Jaume Vicens i Vives hablaba de Cataluña como gresol (crisol), capaz de fundir en un solo pueblo a tan heterogénea población. Y el general Mola, en sus recuerdos de cuando fue director general de Seguridad durante la “Dictablanda” (el periodo de transición entre la Dictadura y la República), habla de la dificultad de nombrar a un Jefe Superior de Policía que permaneciera fiel a su criterio: “Conocedor desde muchos años atrás de la vida oficial de Barcelona, no ignoraba que el particularismo catalán es algo eminentemente contagioso, al punto de que podía calificarse de rara avis la autoridad que, al tomar tierra allí, automáticamente no se sentía desligada del Poder central o con tendencia irresistible a asimilarse el espíritu autonómico de los naturales del país”. (Obras Completas, Valladolid, 1940, página 713).

Hubo en la Revolución Francesa un personaje singular, el abbé Grégoire. Impregnado de espíritu evangélico, era de aquellos que consideraban a Jesús como el primer revolucionario, y los derechos del hombre como una exigencia del evangelio. Pero a la vez estaba poseído del peor jacobinismo y profesaba un patriotismo centralista que bien merecería, ese sí, ser calificado de nacionalismo exacerbado o cerrado. Por encargo de la Asamblea emprendió con fervor patriótico una gran cruzada contra los patois, las lenguas distintas de la francesa, que creía que amenazaban a la nación-Estado. Para ello realizó una vasta encuesta, departamento por departamento, inquiriendo si en aquella demarcación existía algún patois, qué vitalidad tenía y, sobre todo, qué habría que hacer para extinguirlo. La respuesta del departamento de los Pirineos Orientales (Cataluña Norte) fue la más valiente y a la vez irónica de todas las que recibió el abbé Grégoire: existe allí la lengua catalana, usada por el pueblo, la administración, los tribunales y la Iglesia, y “para destruirla habría que destruir el suelo, el fresco de las noches, el tipo de alimentos, la cualidad de las aguas, el hombre entero”. Pero para Peces-Barba, negarse a morir es nacionalismo cerrado. El abierto, según Peces-Barba, es el jacobino, el del abbéGrégoire y sus epígonos españoles.

Hilari Raguer es historiador y monje de Montserrat.

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05 gen. 2011


Amb motiu de les Festes de Nadal i Reis

Classificat com a General

La força del mite o la capacitat de simbolitzar dels humans

En el Centre Penitenciari dels Lledoners (Bages) un grup de voluntaris i presidiaris vàrem muntar una taula rodona per compartir records i punts de vista  sobre les Festes de Nadal i Reis.

Em van sorprendre les experiències relatades per  uns nois peruans. Un d’ells s’implicava tant en la seva explicació, que es mostrava totalment emocionat i contrariat. Enyorava d’allò més aquelles festes  familiars i populars “del Dios Niño”. Ens deia que a la nit de Nadal  en totes les cases on es veia llum hi havia festa familiar, oberta també al veïnat del carrer, que entrava i sortia. Quan ens ho explicava es mostrava molt adolorit per l’absència d’aquella realitat, confessava que s’ho estava passant molt malament en aquests dies, lluny de la seva família i del seu país.

Una companya voluntària va contar-nos l’enrabiada  que va tenir als sis o set anys quan el seu pare li volia explicar que els reis eren els pares. Ella no ho acceptava, volia continuar creient-hi. Altres van explicar el poc que va durar l’alegria del regal d’una bicicleta… Jo mateix, canviant de perspectiva, vaig explicar que havia rebut d’una mare jove que tenia una filla “Milena” d’uns 15 mesos una felicitació de Nadal , en la qual es destacaven tres  titulars: Els REIS NO EXISTEIXEN, LES FILLES I ELS FILLS SOM ELS REIS, firmat :LA REINA DE LA CASA (filla). Una altra companya va indicar-nos que, en aquestes festes, molta gent a casa nostra també s’ho passa molt malament o les celebra amb uns sentiments ambivalents, ja sigui perquè hi troba a faltar aquella innocència perduda de la infància o per l’absència de persones estimades.

Totes aquestes anècdotes ens porten a fer una reflexió sobre el mite. Podem parlar d’experiència mítica des d’un punt de vista antropològic, quan reiteradament es recorden uns fets, curulls de significats per als qui els expliquen, per tant no objectius – narrats sense participació dels subjectes- En el cas de la mare hi ha hagut un desplaçament del mite: dels Reis a la filla-reina. S’ha dit moltes vegades que els fills per a la mare són el Tot o, en el cas d’una parella que s’estimen, que cada membre és vist per l’altre com la sort més gran que ha tingut en aquesta vida pel fet de sentir-se estimat. Tant en un cas com en l’altre l’absència del membre mitificat pot provocar frustracions greus. També pot fer molt mal frivolitzar l’experiència mítica o racionalitzar-la, ja que en aquest últim cas el que es fa és una abstracció, es desingularitza. No oblidem que qualsevol experiència viscuda és única i intransferible, només pot ser comunicada en un relat personalitzat.

Sóc del parer que fóra bo que els humans ens contéssim els nostres mites amb el vaivé de la parla i l’escolta i amb el màxim de respecte de l’un envers l’altre. Hem mitificat massa les doctrines i fins tot lleis, que no són relats de vida. Recordo que una vegada mentre estava explicant en una aula de batxillerat actituds morals i valors, una noieta d’uns quinze anys em va interrompre:”Nos va hablar del más allà?”- era en temps del General-. La meva resposta fou ràpida i curta:” Al más allà todavia no hemos llegado” (riota general) Com volent-ho arreglar vaig afegir:” Esta mañana viniendo hacia acà, me he cruzado con un grupo numeroso de niños y niñas que iban al colegio y me he dicho: tenemos Futuro!” Em sembla que el guirigall encara fou més gran, tot i que jo només intentava situar el mite en la meva experiència viscuda,simbolitzada. Semblantment fa la mare quan diu que els Reis no existeixen, ja que tot seguit deixa anar: la filla és la Reina de la Casa. Ja sé que en aquests casos totes les comparacions són dolentes, ja que les simbolitzacions són singulars i intransferibles com he dit abans, però també és cert que som sers ambigus i només podem comunicar-nos amb imatges. No podem viure sense mites, vivències ni sorpreses. Si als adolescents els poguéssim  fer interessar en els mites dels altres, els diferents, potser aconseguiríem una educació més fonamentada en la llibertat i el respecte mutu, com a mínim. Algú em pot objectar que això és perillós i que és ficar el nas en la vida privada de l’altre! La perillositat rau en el silenci i l’exclusió dels sentiments de  l’altre per diferències socials i/o religioses. Aleshores la violència i la  guerra, amb el sentit més bèstia, pot fer acte de presència: és el cas  dels xiïtes i sunnites a l’Iraq, i dels islamistes i els cristians a l’Orient  -el conflicte amb l’Església Copta a Alexandria només és la gota que ha fet vessar el got. Quan el mite exclou, el temple es converteix en casa de negocis o dels “purs” com en temps de Jesús.

El fet que uns mags/savis d’Orient, segons l’evangeli de Mateu, visitin un nadó jueu, en una situació de marginalitat (lluny del Temple, lloc de les Promeses) fa saltar pels aires la idea de centralitat i d’exclusió de la religió jueva, per no dir de la majoria de religions, tot i que totes continguin altres grans valors, com la mateixa Il·lustració Francesa. Pastors i Mags, els dos extrems d’una realitat social, cultural i ètnica visiten el Nen Jesús, tot un Símbol d’universalitat!

Jaume Obradors Suades

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